Desde mediados del mes de marzo, la economía global ha tenido que enfrentarse a un periodo continuo de máxima incertidumbre, obligando a los negocios a activar el “modo emergencia” con poco margen de maniobra. Sin embargo, parece que el espacio para actuar está haciéndose más grande y, por tanto, las organizaciones deben aprovechar las oportunidades para impulsar sus planes de recuperación mientras implementan medidas para protegerse de nuevas olas que estén por llegar.

La tarea clave para cualquier empresa se centra en incrementar la resiliencia. Está claro que la demanda se ha visto afectada en términos generales, aunque de manera muy desigual según el sector. Cada negocio deberá analizar en qué punto se encuentra, conocer las herramientas con las que cuenta y proyectar los escenarios a los que se enfrenta en el medio plazo.

Cuando la crisis del COVID-19 comenzó, la misión de todos fue asegurar sus cadenas de suministro en el corto plazo. En estos momentos, las organizaciones más dinámicas están focalizadas en la reducción de gastos y la mejora de eficiencia para compensar los efectos negativos. A diferencia de los costes directos de materias primas, existen otros que pueden verse influidos más fácilmente y ser fuente de ahorros, como son, entre otros, compras, transporte, logística interna, gestión de almacén o distribución. Estas áreas no suelen ser identificadas como prioritarias en un primer vistazo, pero pueden ayudar al negocio a acelerar la recuperación y mejorar la rentabilidad de los procesos.

Para minimizar riesgos y evitar cualquier retraso en esta recuperación, las empresas deberían analizar su cadena de suministro y poner en marcha un plan de acción correspondiente. Según nuestra experiencia, una de las principales razones del descenso en las ventas suele estar relacionada con la rotura de stocks y de la cadena de suministro, especialmente en el sector manufacturero. Nuestra recomendación en este punto pasa por revisar el portfolio de producto para identificar esos proveedores y amenazas que pueden estar en riesgo de fallar.

La digitalización también tiene un papel protagonista en este plan. Como algunos de nosotros hemos escuchado en diversas ocasiones “en tres meses de pandemia se ha acelerado la transformación digital cinco años”, el COVID-19 provocó que muchos negocios implementaran soluciones a corto plazo bajo mucha presión. El principal objetivo fue asegurar sus procesos operativos. Sin embargo, muchas de esas soluciones no resultaban sostenibles en el largo plazo. Para activar la recuperación, las compañías deben consolidar y profesionalizar estos nuevos procesos, modernizando las estructuras IT y formando a los empleados para su puesta en marcha. Similar a lo que ocurre con las ya mencionadas cadenas de suministro, la crisis ha mostrado que en muchas organizaciones sus procesos administrativos no están preparados y, además, se puede agravar aún más ya que también deberán adaptarse a la “nueva normalidad”. Las empresas medianas en particular ya estaban un paso por detrás en cuanto a la digitalización se refiere antes de la pandemia y ahora no pueden permitirse el lujo que esa brecha crezca.

Y, finalmente, hay que hacer foco en la liquidez. Esta crisis ha vuelto a poner de manifiesto que ahora, más que nunca, “Cash is King”.  Si una empresa quieren recuperar de una manera rápida y segura la liquidez, tienen varias opciones:

  1. Todo el stock de materias primas, auxiliares y materiales operativos, productos terminados o no terminados, al igual que todo lo relativo al almacenamiento, debe de ser revisado para liquidar reservas.
  2. Todos los créditos y compromisos financieros deben de ser examinados para buscar altenativas más eficientes.
  3. Todos los procesos de cobro a clientes y de pago a proveedores tienen de ser analizados más allá del tradicional “cobrar pronto, pagar tarde”.
  4. Los efectos de las acciones sobre los puntos 1 a 3 deben de tenerse en cuenta en el plan de tesorería. Éste debe de actualizarse a diario y debe ser revisado y explicado en caso de desvíos.

Para tener éxito en esta tarea, la Dirección deberá entender su responsabilidad y tener el control. Todas las áreas que tienen impacto en el plan de tesorería deberían que estar integradas para que además de las medidas inmediatas, las acciones a medio y largo plazo puedan llevarse a cabo de una forma oportuna y orientada. Los impactos en la planificación y la estructura financiera (causados por la planificación de la liquidez en el corto plazo) se deben de tener en cuenta en el medio y largo plazo. Los bancos deben estar provistos de transparencia y de información puntual, las líneas de crédito se tienen que renegociar y se deberán valorar nuevas alternativas de financiación.

Para finalizar con este plan de recuperación, no podemos dejar fuera de la ecuación a nuestro activo más importante, las personas. Si bien es cierto que el objetivo de cualquier negocio en estos momentos está en restar al máximo el impacto de la crisis, no es menos cierto que contar con el equipo necesario para llevarlo a cabo es imprescindible. Re-evaluar las áreas específicas dentro de los procesos de Recursos Humanos ayudará a alcanzar este objetivo,

Al igual que a acelerar la mejora. Todas las compañías deberían cuestionarse aspectos como ¿dispongo de los empleados adecuados? o ¿está preparado el equipo de dirección para estas nuevas tareas? Para responder a lo anterior, el departamento de Recursos Humanos deberá establecer una unidad estratégica, abarcando Administración, Selección y Gestión de Costes. Operando de esta manera, ayudará a implementar con éxito su estrategia de recuperación mientras prepara a la vez a a su negocio para la futura incertidumbre económica.